EXPEDIENTE PAJA – Declarada culpable. Sin juicio.

Steffi Ulrich • 3. Oktober 2026

Es hora de preparar la defensa.


Y aquí conviene hacer una pequeña aclaración: en España, la paja nunca ha sido tan demonizada como en Alemania y otros países del norte de Europa. Aquí sigue formando parte de la alimentación tradicional de muchos caballos y otros équidos.

Pero también en España se escucha cada vez más que el heno es el forraje “ideal” y que la paja debería limitarse al máximo o utilizarse únicamente como cama.

Precisamente por eso merece la pena revisar los argumentos. Porque muchas de las afirmaciones que circulan sobre la paja se repiten una y otra vez… pero ¿qué dicen realmente los datos?

Porque durante mucho tiempo he alimentado caballos en una realidad en la que NO había heno disponible. Con paja, la planta entera de avena, alfalfa…

Y porque no comparto los cargos de la acusación.

La lista de acusaciones es larga.

  • La paja no tiene valor nutricional.
  • La paja es indigestible.
  • La paja contiene demasiada lignina.
  • La paja tiene demasiado polvo.
  • La paja provoca cólicos.
  • La paja produce barriga.
  • ¿Paja? Como mucho, para la cama. Y aun así, con precaución.


¿Y el veredicto? ¿No se dictó ya hace tiempo, con la llegada del heno 24/7?

Pero ¿alguna vez tuvo la paja un abogado?


Yo asumo la defensa.

Porque durante mucho tiempo he alimentado caballos en una realidad en la que NO había heno disponible. Con paja, la planta entera de avena, alfalfa…

Y porque no comparto los cargos de la acusación.

Mi experiencia, y también la historia de la alimentación equina remontándonos hasta la Antigüedad, muestran que la PAJA SIEMPRE ha sido y sigue siendo un alimento para caballos.

Así que pasemos a examinar las pruebas.

Porque antes de condenar la paja por su contenido en lignina, podríamos preguntarnos, por ejemplo: ¿cuánta lignina contiene realmente el heno?

Antes de descartar la paja por ser pobre en nutrientes: ¿cuánto pueden variar los valores nutricionales de diferentes henos?

Y antes de hablar de las desventajas de la paja: ¿qué ocurre con el azúcar y los fructanos del heno?

Vamos allá.


Cargo nº 1: Lignina

Cuando se habla de paja, no tarda mucho en aparecer la palabra lignina. Casi podría parecer que una brizna de paja está compuesta principalmente por ella.

Pero no es así.

Veamos qué contiene realmente:

  • Celulosa: La paja contiene mucha. Y, a diferencia de la lignina, la celulosa sí es fermentable. El caballo no produce sus propias celulasas; son los microorganismos del intestino grueso los que realizan este trabajo. Durante este proceso se producen ácidos grasos de cadena corta que el caballo puede utilizar como fuente de energía. Este es uno de los valores nutricionales importantes de la paja.
  • Hemicelulosa: También constituye una parte importante de la paja y, en principio, puede ser fermentada por los microorganismos. Por tanto, la paja no es simplemente “fibra indigestible”.
  • Lignina: Sí, la paja también contiene una cantidad considerable. La lignina apenas puede ser aprovechada por el caballo y, además, limita la accesibilidad de otros componentes de la pared celular. Pero ¿cuánta lignina contiene realmente la paja? ¿Y cuánta contiene el heno? Volveremos sobre ello enseguida.
  • Proteína: Aquí no hay nada que maquillar. La paja de cereales contiene normalmente solo unos pocos puntos porcentuales de proteína bruta. Además, la digestibilidad de su proteína es considerablemente menor. En materiales vegetales muy maduros y ricos en fibra, una mayor parte de la proteína está ligada a las fracciones de la pared celular y, por tanto, resulta menos accesible. Un contenido elevado de componentes de la pared celular y, especialmente, una mayor lignificación pueden reducir la digestibilidad y disponibilidad de la proteína. Quien utiliza paja debe garantizar, por tanto, el aporte proteico por otras vías.
  • Energía: La paja sí aporta energía mediante la fermentación microbiana de su fibra aprovechable. Pero menos que muchos henos.

Y precisamente eso puede resultar muy interesante dependiendo del caballo y del conjunto de la ración.


Y ahora demos la vuelta a la pregunta:

¿Qué contiene realmente el heno?

No existe una única respuesta.

Dependiendo de las especies de gramíneas, el suelo, la fertilización, el clima, el momento del corte y el estado vegetativo, los henos pueden presentar diferencias considerables.

  • En proteína.
  • En azúcar.
  • En fructanos.
  • En minerales y oligoelementos.
  • Y SÍ, también en los componentes de la pared celular y en el grado de lignificación.


Un heno temprano y rico en hojas puede estar nutricionalmente muy lejos de la paja.

En cambio, un heno tardío, muy lignificado y con poca proteína puede acercarse sorprendentemente a ella.

Y eso no siempre se aprecia mirando una bala de heno.

Por eso quiero poner ahora algunas cifras una al lado de otra.


Vamos a analizar HENO y PAJA. ¿Qué diferencias existen realmente?


Veamos algunos números.

  • El heno alemán analizado por LUFA en 2025 contenía de media un 7,6 % de proteína bruta.
  • La paja de avena presenta de media alrededor de un 3,6 %. En cuanto a proteína, por tanto, la diferencia está bastante clara: la paja es pobre en proteína.

Con el azúcar, la imagen cambia. Las 1.187 muestras de heno analizadas contenían de media un 10,6 % de azúcares totales. Algunas muestras alcanzaban hasta un 17,3 %. En cuanto a fructanos, la media fue del 6,7 %, con un rango de 2,7 a 10,9 %.

El almidón, en cambio, desempeña ya un papel mucho menor en el heno. El valor medio de LUFA fue del 0,3 %, aunque en este caso se analizaron considerablemente menos muestras.


Y ahora llegamos a la lignina.

Precisamente esa sustancia que tantas veces se utiliza como argumento contra la alimentación con paja.

  • La paja de avena contiene en la base de datos de Feedipedia una media aproximada del 6,6 % de lignina en materia seca.

Pero también aquí merece la pena mirar el heno.

  • En un estudio científico sobre diferentes forrajes para caballos se midió en un heno de pradera incluso un contenido de lignina (ADL) del 7,91 %. La paja de trigo analizada en el mismo estudio alcanzó, no obstante, un valor claramente superior: 11,26 %.

Y SÍ, por regla general la paja está más lignificada que el heno. Pero los valores pueden solaparse. El heno de pradera analizado, con su 7,91 %, estaba por ejemplo por encima del contenido medio de lignina de la paja de avena recogido en la base de datos de Feedipedia.

CONCLUSIÓN: el heno no es, por definición, pobre en lignina.

Y las diferencias no son considerables únicamente en cuanto a lignina.


Las cifras de LUFA (laboratorio alemán de análisis agrícola y de alimentos para animales) también muestran hasta qué punto pueden variar distintos henos en azúcar, fructanos y proteína:

  • La proteína bruta osciló en 2025 entre 4,2 y 13,3 %.
  • Los azúcares totales, entre 4,8 y 17,3 %.
  • Los fructanos, entre 2,7 y 10,9 %.

“Heno” es, por tanto, en primer lugar, simplemente el nombre de un alimento. Lo que contiene realmente solo lo sé cuando lo analizo.

Fuentes:
LUFA Nord-West, evaluación de heno para caballos 2025, 1.187 muestras.
Feedipedia, Oat straw: datos analíticos sobre proteína bruta y lignina.
Comparison of forages’ digestion levels for different in vitro digestion techniques in horses: heno de pradera 7,91 % ADL, paja de trigo 11,26 % ADL.


Conclusión provisional: la lignina es prácticamente indigestible. Eso es cierto.

A medida que la planta se lignifica, incorpora más lignina a sus paredes celulares. Como consecuencia, otros componentes de la fibra también se vuelven menos accesibles para los microorganismos.

La digestibilidad disminuye.

Esta es una de las razones por las que la paja aporta menos energía que un buen heno.

Y precisamente esto puede resultar interesante en caballos que con una alimentación basada únicamente en heno ingieren más energía de la que realmente necesitan.

En esos casos, una parte del heno puede sustituirse por paja adecuada. Disminuye la densidad energética de la ración, pero el caballo sigue teniendo algo que comer y masticar.

Esto me parece especialmente importante en caballos que necesitan perder peso o mantenerlo. Porque menos energía no tiene por qué significar automáticamente menos tiempo comiendo.

Una vez consumida la ración calculada de heno, puede seguir habiendo paja forrajera limpia y de buena calidad higiénica disponible para mordisquear. Y hablamos expresamente de paja destinada a alimentación, no de paja sucia o que ya se haya utilizado como cama.

En realidad, tampoco esto es algo nuevo.


Durante siglos, la paja no fue solo cama, sino también parte de la alimentación de los caballos.

Los caballos recibían sus raciones de heno y, además, podían consumir paja.

Precisamente para los caballos de fácil mantenimiento, ahí encontramos una propiedad interesante de la paja:

  • más forraje y más tiempo de masticación con una menor densidad energética de la ración total.

Así que pasemos a los siguientes cargos:


Cargo nº 2: La paja provoca úlceras gástricas

Existe efectivamente un estudio de 2009 que se cita con frecuencia cuando se habla de paja y úlceras gástricas. Luthersson y colaboradores estudiaron 201 caballos de 23 cuadras danesas y encontraron una asociación entre las úlceras gástricas y la paja cuando esta era la única fuente de forraje disponible.

Curiosamente, la paja no fue el único factor de riesgo encontrado.

Una ingesta elevada de almidón y la falta de acceso al agua en el paddock también se asociaron con un mayor riesgo. Es un hallazgo que debe tomarse en serio. Sin embargo, no se trataba de un ensayo controlado de alimentación, sino de un estudio observacional.

Por tanto, puede mostrar una asociación, pero no demostrar que la paja causara las úlceras gástricas.

Y, sobre todo:

Paja como única fuente de forraje no es lo mismo que paja como parte de una ración.

Y precisamente esto se estudió posteriormente en un ensayo controlado.

Jansson y colaboradores alimentaron a seis caballos durante tres semanas con una ración basada exclusivamente en forraje de gramíneas o con una ración en la que el 50 % del forraje fue sustituido por paja de trigo de buena calidad higiénica.

Antes y después de cada periodo de alimentación se realizaron gastroscopias.


El resultado: la salud gástrica no empeoró con la ración que contenía paja.

Las lesiones gástricas no aumentaron ni en la región escamosa ni en la glandular.

Al mismo tiempo, los caballos pasaron más tiempo comiendo y mostraron respuestas de insulina más bajas.


Cargo nº 3: La paja provoca cólicos

Probablemente sea una de las acusaciones más persistentes contra la paja.

Y no surge completamente de la nada. La paja está más lignificada y es menos digestible que muchos henos. Si un caballo consume repentinamente grandes cantidades, especialmente si antes apenas tenía acceso a forraje, puede aumentar el riesgo de cólico por impactación.


Pero de ahí se pasa rápidamente a afirmar: “La paja provoca cólicos”.

Y los datos científicos no son tan claros.

El cólico no es una única enfermedad, sino un término general para referirse al dolor abdominal de causas muy diversas.

Una revisión sistemática de 52 estudios sobre factores de riesgo de cólico muestra, sobre todo, cuántos factores intervienen.

  • Entre los factores encontrados repetidamente aparecen los cambios en la alimentación y el manejo.
  • Los cambios en el heno o en el suministro de forraje también se han relacionado con un mayor riesgo de cólico.
  • La paja, en cambio, no fue identificada como causa general de cólico.

Resulta especialmente interesante un estudio de casos y controles centrado específicamente en impactaciones simples y distensiones gaseosas del intestino grueso, es decir, precisamente los problemas a los que suele hacerse referencia cuando se advierte contra la paja.

  • Entre los factores de riesgo identificados se encontraban el confinamiento en establo durante 24 horas,
  • los cambios en el programa de ejercicio, el transporte y la aerofagia o el tic del oso,
  • y en otro modelo estadístico también influyeron los antecedentes de cólico y los controles dentales menos frecuentes.


La paja no fue identificada en este estudio como factor de riesgo independiente.

Y la cuestión se vuelve aún más interesante.

En otro estudio sobre impactaciones del íleon, es decir, obstrucciones de la última parte del intestino delgado, fue precisamente la alimentación con un determinado tipo de heno —heno de Bermuda costera— la que se asoció con un mayor riesgo.

Naturalmente, esto no convierte a ese heno en un “alimento que provoca cólicos”.

Pero demuestra muy bien lo problemático que resulta el razonamiento inverso: “el heno es seguro, la paja provoca cólicos por impactación”.

Porque en una impactación intervienen muchos otros factores además de las características del forraje:

  • consumo de agua, movimiento, capacidad de masticación, manejo, cambios de alimentación y dieta previa.

Y aquí encontramos también una advertencia comprensible respecto a la paja:

Si a un caballo que anteriormente apenas tenía acceso a forraje se le ofrece de repente paja a libre disposición, el consumo de grandes cantidades puede aumentar el riesgo de cólico por impactación.

Eso es algo completamente distinto de introducir de forma progresiva una cantidad calculada de paja como parte de la ración de forraje.


Y luego está el famoso límite del 30 %

Cuando hablamos de paja y cólicos, rápidamente aparece otra regla:

Un caballo no debería recibir más de un 30 % de paja.

Pero ¿de dónde sale realmente ese 30 %?

No he encontrado en la literatura científica un límite determinado experimentalmente según el cual hasta un 30 % todo funcione correctamente y, por encima de ese porcentaje, aumente de repente el riesgo de cólicos u otros problemas digestivos.

Al contrario: en distintos ensayos de alimentación se han utilizado proporciones de paja considerablemente superiores.


Hansen y colaboradores estudiaron ya en 1992 una ración de forraje compuesta por un 50 % de paja de trigo y un 50 % de alfalfa.

Como era de esperar, la digestibilidad fue menor que con alfalfa sola. Aun así, los autores concluyeron que los caballos podían aceptar paja de trigo en una proporción de aproximadamente el 50 % de la ración de forraje.

Cuddeford y colaboradores fueron aún más lejos. Estudiaron raciones de alfalfa y paja de avena con 0, 33, 67 y 100 % de paja de avena en diferentes équidos.

Como era de esperar, al aumentar la proporción de paja disminuyó la digestibilidad.

Pero no apareció ningún límite especial en el 30 %.

Y en el estudio más reciente de Jansson y colaboradores ya mencionado, los caballos recibieron un 50 % de paja de trigo y un 50 % de henolaje.

Tampoco allí, durante las tres semanas del ensayo, aparecieron indicios de que esa cantidad de paja provocara problemas digestivos.

Al mismo tiempo, tampoco empeoró la salud gástrica.

Esto no demuestra que todos los caballos deban recibir permanentemente un 50 o incluso un 67 % de paja.

Pero los estudios muestran con bastante claridad que el 30 % no constituye un límite fisiológico reconocible a partir del cual una ración con paja deje repentinamente de funcionar.


Aquí merece la pena ampliar un poco la perspectiva.

La idea de que el suministro de forraje de un caballo debe basarse necesariamente y principalmente en heno está muy condicionada por regiones donde la hierba puede conservarse y producirse como heno en cantidades suficientes.

En regiones secas, la realidad alimentaria ha sido y sigue siendo en parte muy diferente.

También en el área mediterránea, los caballos y otros équidos se alimentaban tradicionalmente con los recursos disponibles localmente: la paja de cereales y los propios cereales, pero también la alfalfa, la esparceta y otras leguminosas desempeñaban un papel importante.

En Baleares esta realidad todavía puede observarse hoy. Una gran parte del heno disponible llega actualmente a las islas como producto importado. Los medios modernos de transporte permiten así un tipo de alimentación que históricamente ni siquiera habría sido posible de esta forma.

Y precisamente por eso me parece interesante plantear esta pregunta:


¿Es realmente un determinado porcentaje un límite biológico del caballo, o se trata de una recomendación surgida dentro de un determinado sistema de alimentación?

Los estudios disponibles con proporciones más elevadas de paja ofrecen, como mínimo, motivos suficientes para no tratar ese límite del 30 % como una ley de la naturaleza.

Para quien quiera profundizar: ya existen otros artículos sobre la adaptación del microbioma, la introducción progresiva de la paja y estrategias prácticas para utilizarla en la alimentación. Los enlazo debajo de este artículo.


Cargo nº 4: Polvo

“La paja tiene polvo.”

Hagamos entonces una prueba muy sencilla.

Cogemos una buena paja y la sacudimos.

Después cogemos heno seco y hacemos exactamente lo mismo.

Porque el polvo no es una característica exclusiva de la paja. Es una cuestión de calidad. De hecho, yo suelo tener paja prácticamente libre de polvo.

El material vegetal seco puede liberar polvo, partículas vegetales finas, esporas de hongos y otros componentes respirables. La cantidad depende, entre otras cosas, de la cosecha, el secado, el almacenamiento y la calidad higiénica.

Precisamente por eso algunos caballos con problemas respiratorios toleran mejor la paja o incluso el henolaje que el heno seco: la mayor humedad fija parte de las partículas.

Por tanto, tampoco aquí la pregunta decisiva es:


¿Heno o paja?

Sino, en primer lugar: ¿qué calidad higiénica tiene?


Y ahora sometamos al heno a interrogatorio


El heno tiene una ventaja enorme frente a la paja:

Es heno.

Y con eso parece haberse ganado ya de entrada un voto de confianza.

En cambio, basta mirar una brizna de paja para que aparezcan inmediatamente lignina, cólicos, úlceras gástricas y polvo.

Así que intercambiemos los papeles por un momento. Porque también merece la pena mirar el heno con algo más de atención.

Para empezar, está la cuestión de qué crece realmente allí.

Al fin y al cabo, “heno” no es una especie vegetal. Y no todo lo que acaba prensado en una bala como heno para caballos procede de esa pradera rica en especies de la que tanto se habla.

Los raigrases y las especies de Festuca son prácticamente imprescindibles en la agricultura moderna de pastos.

Entre ellos existen variedades y poblaciones seleccionadas por su alto rendimiento, resistencia o tolerancia a la sequía, pero no necesariamente pensando en la alimentación equina. En determinadas gramíneas se añade además la posible problemática de los endófitos.

Después están los invitados no deseados.

A estas alturas, casi todos los propietarios de caballos conocen el senecio de Jacob. En el pasto normalmente es evitado por los caballos.

En el heno, la situación cambia.

Al secarse, la planta pierde sus características disuasorias, pero no sus alcaloides pirrolizidínicos.

Y después tenemos el azúcar y los fructanos.

Aquí ni siquiera necesitamos teorizar. Nuestras 1.187 muestras de heno analizadas por LUFA ya muestran todo lo que puede esconderse bajo la simple denominación de “heno”:

  • 4,8 a 17,3 % de azúcares totales.
  • 2,7 a 10,9 % de fructanos.

No es precisamente una variación pequeña.

Y luego entra en juego el clima.

  • Veranos calurosos y secos, estrés hídrico, interrupciones del crecimiento y posterior reanudación modifican la planta.
  • A ello se añaden el momento del corte y el grado de madurez. Un heno cortado temprano y rico en hojas puede ser un alimento completamente diferente de un cultivo cosechado tarde y ya fuertemente lignificado.

Y, por supuesto, el heno también puede contener polvo, moho, esporas de hongos o sufrir problemas higiénicos durante la cosecha y el almacenamiento.


En pocas palabras: el heno es una auténtica caja de sorpresas.

Podemos tener un heno excelente.

Pero también podemos tener delante una bala cuyo conjunto de gramíneas desconocemos, cuyo contenido en azúcar y fructanos desconocemos, cuyo contenido en lignina desconocemos y de la que, sin análisis, en realidad solo sabemos una cosa con total seguridad:

Es heno.

Y ahora coloquemos nuestra paja al lado.

  • Sí, la paja es pobre en proteína. Lo sabemos.
  • Sí, aporta poca energía. También lo sabemos.
  • Y sí, por regla general está más lignificada que el heno. Tampoco es ninguna sorpresa.

Pero precisamente esas aparentes debilidades resultan de repente sorprendentemente prácticas cuando sabemos con qué estamos trabajando.

  • ¿Poca proteína? Entonces hay que ajustar el aporte proteico de la ración total.
  • ¿Poca energía? Para un caballo de fácil mantenimiento puede ser exactamente lo que buscábamos.
  • ¿Más lignina y, por tanto, menor digestibilidad? Una de las razones por las que puedo sustituir una parte del heno por paja si quiero reducir la densidad energética de la ración sin recortar al mismo tiempo las horas que el caballo pasa comiendo.

Mi alegato: quizá la paja no sea realmente el gran problema.

Quizá el problema sea más bien que llevamos décadas examinando la paja con lupa, mientras que con el heno a veces nos basta con el diagnóstico:

Es heno. Ya estará bien.

Después de este interrogatorio, al menos yo diría:

El caso no es tan sencillo.

Y si quieres saber más sobre la alimentación con paja, qué ocurre cuando tu caballo consume paja de forma habitual y mucho más, puedes consultar los demás artículos del blog. Por ejemplo:


Paja: tipos, aptitud y diferencias

Paja para el microbioma

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Weiße Strichzeichnung eines Pferdes auf blauem, kreisförmigem Hintergrund

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